De ESG a ODS: Cómo las juntas directivas están redefiniendo el propósito corporativo

Existe una tensión estructural en el mundo corporativo actual: nunca antes las empresas habían reportado tanto sobre sostenibilidad y, al mismo tiempo, nunca había sido tan profunda la brecha entre lo que se declara y lo que se hace. El ESG, que nació como un marco para orientar decisiones de inversión responsable, mutó silenciosamente en un ejercicio de gestión de imagen. El resultado: una proliferación de declaraciones de propósito que pierden credibilidad en cuanto se contrastan con los hechos y un mercado regulatorio que está respondiendo con creciente dureza. Las juntas directivas que entiendan esto a tiempo no solo evitarán un riesgo reputacional y legal creciente; podrán capturar una ventaja competitiva que sus pares están tardando en ver.

 

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Cuando el término se convierte en el problema

El concepto ESG nunca fue el problema. Lo que falló fue la brecha entre adoptarlo y ejecutarlo. Lo que comenzó como una herramienta de análisis financiero para medir riesgos no contabilizados terminó reducido, en manos de muchas empresas, a un ejercicio de reporte anual sin consecuencias estratégicas. El mercado lo registró antes que los propios directivos.

Según PwC y The Conference Board 2025, los ejecutivos identifican ESG como su prioridad número uno de agenda para las juntas, por encima incluso de estrategia y talento, reflejando la presión creciente de reguladores, clientes y empleados que están convirtiendo la sostenibilidad en un componente central de la estrategia corporativa. Sin embargo, esa presión no se está traduciendo en decisiones de gobierno corporativo a la altura. La distancia entre lo que los ejecutivos declaran como prioritario y lo que los directorios están equipados para gestionar es, en sí misma, un riesgo estratégico. 

Los ODS como marco de precisión estratégica

Los ODS operan en una lógica distinta. Donde ESG permitía reportar, los ODS obligan a comprometerse. Donde ESG admitía ambigüedad, los ODS exigen precisión. No son una evolución del mismo marco — son una exigencia de mayor calibre.

Para una junta directiva, esta distinción tiene consecuencias prácticas inmediatas. Según líderes del Expansión ESG Summit 2025, la adopción de los ODS ya no es una opción sino una obligación: las organizaciones que no transformen su modelo para responder a las exigencias de consumidores e inversionistas podrían dejar de ser relevantes en la próxima década. El argumento ya no es reputacional: es de competitividad estructural. 

Un directorio que elige sus ODS con rigor está tomando una de las decisiones estratégicas más reveladoras que puede tomar: está definiendo con qué narrativa de largo plazo quiere que la organización sea identificada, qué tipo de capital convoca y en qué mercados puede operar con credibilidad real.

El costo cuantificable de la imprecisión

El greenwashing dejó de ser un riesgo de reputación para convertirse en un pasivo con precio. Según el informe Riesgos en México y Centroamérica 2025, tanto consumidores como inversionistas muestran mayor preferencia por las compañías que implementan esfuerzos tangibles en materia de sostenibilidad y gobernanza — y gestionar adecuadamente los temas ESG mejora directamente la capacidad de administrar riesgos y reducir impactos negativos en la operación. La falta de precisión en los compromisos ESG no solo daña la reputación: reduce el acceso al capital. 

Según la Encuesta Global de Reporte de Sostenibilidad de PwC 2025, realizada a 496 empresas en 40 países, más del 70% de los inversores señala que la sostenibilidad debe integrarse directamente en la estrategia corporativa — y más del 60% de las empresas encuestadas ya incrementó sus recursos y el tiempo de liderazgo senior dedicado a este tema. La presión ya no llega en forma de preguntas sino como una variable de decisión de inversión que opera en tiempo real.

La respuesta de muchas organizaciones ante esta presión ha sido el greenhushing: evitar comunicar públicamente las iniciativas sostenibles para reducir el riesgo de ser acusadas de greenwashing. Es la señal más clara de un gobierno corporativo que gestiona síntomas en lugar de causas. Una junta que lidera con propósito no gestiona el riesgo desde el silencio ; la reduce haciendo las cosas con la profundidad que el mercado ya sabe distinguir.

Lo que los datos revelan sobre los directorios

Según la Encuesta ESG 2025 de BNP Paribas — que consultó a 420 inversores institucionales en 29 países representando USD 33.8 billones en activos bajo gestión — el 87% mantiene sus objetivos de sostenibilidad sin cambios, y el 84% espera que el ritmo de avance ESG continúe o se acelere hacia 2030, a pesar de un entorno político y regulatorio más volátil. Sin embargo, menos del 3% reportó haber reducido sus compromisos ESG — lo que revela una brecha creciente entre lo que los inversores exigen y lo que las empresas están en condiciones de demostrar públicamente. 

El déficit no es solo de estrategia — es de composición. Según la Encuesta Anual de Directores Corporativos de PwC 2025, solo el 32% de los ejecutivos considera que su junta cuenta con la combinación correcta de habilidades y experiencia para enfrentar los desafíos actuales. En ese contexto, hablar de propósito corporativo sin revisar quién ocupa la sala de directorio no es una estrategia; es una declaración de intenciones sin respaldo.

 

El perfil de directorio que esta transición demanda

Ninguna estrategia de propósito corporativo es más creíble que el liderazgo que la sostiene. Un directorio que declara compromiso con los ODS pero carece de directores con experiencia real en sostenibilidad, mercados emergentes o impacto social no tiene una brecha de comunicación — tiene una brecha de gobierno. Y esa brecha, tarde o temprano, el mercado la encuentra.

El liderazgo que exige la transición de ESG a ODS no es el mismo que administró el ciclo anterior. Requiere directores capaces de sostener conversaciones técnicas sobre materialidad, de evaluar con rigor los trade-offs entre rentabilidad y propósito, y de construir consenso en entornos donde la presión regulatoria, la exigencia inversora y la demanda de talento convergen simultáneamente. Según la Encuesta Anual de Directores Corporativos de PwC 2025, solo el 32% de los ejecutivos considera que su junta cuenta con la combinación correcta de habilidades y experiencia para enfrentar los desafíos actuales. No es un dato menor: es la evidencia de que la mayoría de los directorios están gobernando el futuro con el perfil del pasado. 

Las juntas que están liderando esta transición con efectividad real no esperaron a que la presión externa les obligara a renovarse. Tomaron la decisión de revisar su composición con la misma disciplina estratégica con la que revisan su portafolio de negocios — entendiendo que incorporar el liderazgo correcto no es un ejercicio de diversidad simbólica, sino la condición necesaria para que el propósito corporativo tenga consecuencias reales sobre las decisiones, los recursos y los resultados.

En AMROP Board & Executive Search, entendemos que renovar un directorio no es un ejercicio de cumplimiento — es una decisión de liderazgo con consecuencias estratégicas de largo plazo. Con nuestra metodología de vanguardia, identificamos directores independientes y ejecutivos de alto perfil con la profundidad, el criterio y la trayectoria para traducir el propósito corporativo en valor real, sostenible y duradero.